
Por Daniela Shanik González Pérez
Que bonito era lo bonito…
La lucha libre hoy en día lejos de parecer un deporte parece ya un show de payasos, ahora en vez de hacer llaves, se avientan las llaves de la casa, las sillas y todo lo que encuentren y lejos de parecer un rin parece un circo y si nos damos cuenta todo lo que hacen es por salir en primeras planas, o por salir un minuto en televisión, pero permítanme decirles que para estrellas, los verdaderos luchadores que de verdad eran famosos, no por los escándalos que encabezaban si no por hacer lo que de verdad amaban, lo que les apasionaba, luchar; aquéllos que peleaban por el gusto de el deporte, como el Santo, Blue Demon, Gladiador, Médico Asesino, Mil Máscaras, por mencionar algunos, esos que lejos de hacer “payasadas”, de verdad defendían su honor, su nombre y sobre todo su máscara o la cabellera.
Antes la máscara era el sello personal, defenderlas era cuestión de honor, se caracterizaban por ser de lujo y características, era el uniforme; ahora las máscaras parecen de Halloween, y más que causar respeto dan risa. Aferrarte a tu cabellera o a la máscara era indispensable, había que entregar cuerpo y alma, sudar la verdadera gota gorda porque debías mantener en secreto la identidad y defender tu dignidad, ahora sólo se la quitan como cambiar de calzón.
Considero que la lucha libre es algo que nos distingue a los mexicanos, así que es penoso que los extranjeros se queden con una imagen fea gracias a que los luchadores han descuidado su aspecto y la esencia de la lucha libre, lo que era de calidad, no circos y payasos como los que encontramos hoy.
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